Ecos Folklóricos: Entre Bohemia y Hungría.

El folklore representado en la música de cámara, ya sea en forma de cita o como temas inspirados en aires folklóricos, fue consecuencia de las investigaciones que tanto Bartók, Dvorák como Kodály realizaron sobre la música popular de sus naciones a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Se consideró así un comienzo destacable dentro de la etnomusicología y una importante labor de recuperación del folklore en los países de Europa del Este.



 

Béla Bartók (1881-1945), compositor, pianista, investigador e impulsor del estudio del folklore, conoció a Kodály, con el que se embarcó en trabajos de campo para recolectar la música popular de Europa del Este, los Balcanes y Turquía. La música de Bartók está directamente influenciada por el folklore –el húngaro en especial-, que comenzó a incorporar en sus composiciones e incluso compuso melodías con al estilo de la música popular. Otra de las grandes influencias de Bartók fue la música de Richard Strauss. Sus composiciones, según el musicólogo Ernö Lendvai, pueden dividirse en dos bloques: el diatónico, que se basa en los modos y ritmos del folklore; y el cromático, basado en el Sistema Axial, en la Proporción Áurea y en especial en la serie numérica de Fibonacci.

En 1931 escribió los cuarenta y cuatro dúos para dos violines y los publicó en cuatro libros. Éstos, basados en todo tipo de canciones folklóricas, avanzan en dificultad y prueban de manera matemática el oído de los intérpretes con sus intervalos disonantes.
 

Los títulos revelan en muchos casos la temática de la pieza, en las que introduce todo tipo de artificios sonoros y rítmicos. Cuento de Hadas presenta ritmos partidos, Canción de año Nuevo es un juego entre ostinatos rítmicos, La Danza del Mosquito muestra repentinos cambios de acento, en la Canción de Cuna introduce la politonalidad. Hay ritmos excitantes de Rumanía, Serbia y Wallachia, una Danza Árabe y la Danza de Transilvania, así como los característicos ritmos de las Marchas Húngaras. Todo ello influido por la obsesión de conservar una estructura formal consistente y coherente donde quede reflejada su concepción matemática de la música.

 

A Antonín Dvorák (1841-1904) le preocupaba el pueblo y la música de sus raíces checas, razón de más para comenzar a recoger todo tipo de canciones populares. Por ello, sus composiciones son una singular conquista de ese intimismo que le brinda el folklore, no solo de su tierra sino de todos los viajes que realizó y de los que iba coleccionando ideas, sonidos, …. En su viaje a Estados Unidos se quedó maravillado con los cantos y ritmos de los indios nativos norteamericanos, lo que le llevó a la composición, entre otros, del Cuarteto Americano y su Sinfonía del Nuevo Mundo o sinfonía nº 9.

En 1887 escribe su Terzetto opus 74, diseñado para dos violines y una viola. La obra comienza adentrándonos en la característica atmósfera de Bohemia que contrasta con una tonalidad oscura pero con matices de agitación. El movimiento lento nos traslada a una serenidad típica del entorno rural de Bohemia, enmarcando el material temático dentro de una sección central de saltos rítmicos punteados. Con el Scherzo llega una enérgica danza y finaliza el Terzetto con un tema con variaciones con momentos de dramática tensión contrastando con el ambiente de Bohemia que ofreció al principio.

 

El compositor, crítico y estudioso de la música húngara, Zoltán Kodály (1882-1967) colaboró también con Bartók en la recuperación del folklore húngaro, en especial del magiar. Sus composiciones en lenguaje simple, trabajadas en ocasiones desde un prisma didáctico, pragmático, con íntimos nexos con lo étnico y tomando prestado elementos de los trabajos de campo que realizaron.

La composición de su Opus 12 está llena de experiencias folklóricas fruto de todos esos años de investigación de campo. El primer movimiento comienza con ritmo vigoroso, siguiéndole más adelante la presentación del segundo tema por la viola en una atmósfera lírica algo oscura. El segundo movimiento está imbuido dentro de un carácter expresivo y tranquilo que en ocasiones parece contarnos una historia, mientras el movimiento final, que comienza con pasajes vivos de danza y un enérgico diálogo entre el violín y la viola, contiene elementos sonoros de frescura y libertad deslumbrante.

 


Marta Serrano Gil. Granada, 2008.

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